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Busca a alguien a quien culpar.

22 may

Recupero un viejo post que publiqué hace ya un año en Habilidades Directivas sobre la “suerte” que tienen algunas personas de encontrar siempre a alguien a quien culpar por el trabajo mal hecho.

Pero como dije en su momento, no pretendo hablar de los que echan la culpa a todos de todo si no de aquellos que echan la culpa a los demás por que se creen que son los únicos perfectos.

Todos tenemos algún conocido que se cree perfecto (incluso nosotros nos lo podemos llegar a creer). Los perfectos pasan por ser personas que no suelen escuchar, lo de la empatía les queda lejos, la humildad para qué, etc,etc. La suma de estos elementos y algunos otros conforman  una persona que no es capaz de tener perspectiva y poder analizar las situaciones desde otros puntos de vista que no sea su punto de vista perfecto.

Hay quien dice que el ego y el orgullo excesivo son lo que provoca en estas personas su imposibilidad de asumir ciertas responsabilidades provocadas por sus actos y consiguientemente acaban echando la culpa de todo a los demás.

El miedo al fracaso, a no saber enfrentarse a los reveses hace que nos dediquemos a buscar a alguien a quien culpar y esta búsqueda no nos deja centrarnos con claridad en el origen del problema,  nos cerramos posibilidades y empequeñecemos como personas ante nosotros y ante los demás.

Quizás nos falte un punto de autocrítica, que entiendo que es signo de madurez, para poder superar esta manera de actuar y no hacer como el protagonista de esta pequeña historia:

Cuando Pedro bajaba  de la terraza de su casa, dónde  acababa de hacer la siesta, da un traspié al pisar un escalón y rueda escaleras abajo.

-Pero, ¿qué pasa?- le grita su mujer que, desde la cocina, ha oído el ruido de su caída.

-Nada importante- responde Pedro poniéndose en pie como puede-. Ha sido mi abrigo, que se ha caído por la escalera.

-¿Tu abrigo?….Pero ¿y ese ruido?.

-El ruido ha sido porque yo iba dentro.

La Sabiduría de los Cuentos de A. Jodorowsky

Mi vieja máquina de escribir y el trabajo en equipo.

17 jun

Hace ya algún tiempo pegué en “Habilidades directivas” una pequeña historia que, a mi manera de entender, es el mejor ejemplo de lo que signifca realmente trabajar en equipo y dice así:

Aunqux mi máquina dx xscribir xs antigua, funciona bastantx bixn, xxcxpto una dx sus txclas. Sin xmbargo, muchas vxcxs mx hubixra gustado qux funcionara pxrfxctamxntx. xs vxrdad qux cuarxnta y sxis txclas van bastantx bixn, pxro la única qux falla, sx nota considxrablxmxntx. xn ocasionxs, mx parxcx qux nuxstra organización xs como mi máquina dx xscribir. xn xlla no toda la gxntx “clavx” trabaja como dxbx. Puxdxs pxnsar: “Buxno, yo sólo soy uno. No sx va a notar dxmasiado”. Pxro, ya sabxs, para qux la organización sxa xficaz nxcxsita dx la participación activa dx todos sus mixmbros. La próxima vxz qux pixnsxs qux tu xsfuxrzo no xs nxcxsario, rxcuxrda mi vixja máquina dx xscribir y pixnsa: “soy una pxrsona clavx”

Hoy en día sigue plenamente vigente este ejemplo donde se demuestra  que se puede lograr el objetivo, Sigue leyendo

TE COMPRO UNA HORA.

8 may

Gracias a un comentarío en el post sobre la innovación en la distribución, descubrí el blog de Álvaro González-Alorda.

 Álvaro recoje una frase de Ricardo Semler que dice así: “Si eres capaz de enviar emails profesionales el domingo, pero no sabes organizarte para ir al cine el lunes por la tarde, tu vida está desequilibrada”.

 La frase viene a cuento por lo que me comentaba una persona estos días que estuve en Valencia sobre como tenía que trabajar los fines de semana si entre semana viajaba  y como le afectaba llegar al hotel y tener que estar enviando mails hasta las “tantas”, agotado después de estar todo el día de reunión en reunión.

 Claro, le pregunté si todos en el equipo tenían este sistema de trabajo y me dice que sí, desde los más novatos hasta la jefa del equipo manda mails sábados, domingos, un martes a las 11 de la noche e incluso ha renunciado a parte de su baja maternal para seguir trabajando.

 Me siguió contando sus penas durante un buen rato y cuando terminó, le pregunte sobre que hacía él para poder solucionar esta situación y poder tener una vida laboral más saludable.

 Luís, que así se llama está persona, me dijo que a pesar de que con este nivel de dedicación no podía dedicar mucho tiempo a su familia, ganaba bastante dinero.

 Claro, llegado este punto le conté una pequeñita historia titulada “Te compro una hora” que dice lo siguiente:

 El niño tenía once años. El niño era estudioso, normal y cariñoso con sus padres. Pero el niño le daba vueltas a algo en la cabeza. Su padre trabajaba mucho, lo ganaba bien y estaba todo el día en sus negocios. El hijo le admiraba porque “tenía un buen puesto”.

Cierto día el niño esperó a su padre, sin dormirse, y cuando llegó a casa, le llamó desde la cama:

–Papá –le dijo- ¿cuánto ganas cada hora?.
– Hijo, no sé, bastante. Pon, si quieres, 18 euros. ¿Por qué?
–Quería saberlo.
– Bueno, duerme. Sigue leyendo

El cuento del fabricante de bocadillos.

31 dic

Érase una vez un hombre que vivía muy cerca de un importante cruce de caminos. Todos los días a primera hora de la mañana llegaba hasta allí donde instalaba un puesto en el cual vendía bocadillos que él mismo horneaba.

Como padecía sordera y su vista no era muy buena, no leía la prensa ni veía la televisión pero eso si… vendía exquisitos bocadillos.

Meses después alquiló un terreno, levantó un gran letrero de colores y personalmente seguía pregonando su mercancía, gritando a todo pulmón: ¡Compre deliciosos bocadillos calientes! Y la gente compraba cada día más y más.

Aumentó la compra de materia prima, alquiló un terreno más grande y mejor ubicado y sus ventas se incrementaron día a día. Su fama aumentaba y su trabajo era tanto que decidió llamar a su hijo, un importante empresario de una gran ciudad, para que lo ayudara a llevar el negocio. Sigue leyendo

Cómo crecen los rumores.

24 oct

Esta semana va de cuentos por que ayer leyendo el períodico del colegio de mi hija, me encontré un artículo muy ameno sobre Hans Christian Andersen.

Andersen es autor de “La Sirenita”, “El patito feo”, “El traje nuevo del emperador” y otros muchos muy agudos y mordaces como el titulado “Es la Pura Verdad” que podemos utilizarlo para explicar lo que pasa en muchas empresas y sobre lo que alguna vez ya he comentado por AQUÍ.

El cuento habla de la historia de una gallina a la que se le cae una pluma. Sigue leyendo

El dilema del prisionero:Paradigma del conflicto en los equipos

22 oct

Dos presos, Maval y Zucor, están detenidos como sospechosos del robo de iun importante cuadro. Los dos han sido conducidos a la comisaría y encerrados en celdas individuales. El inspector encargado de la investigación no tiene pruebas suficientes para mantenerlos detenidos, pero está seguro de que al menos uno de ellos es culpable. Informado de la situación, a la mañana siguiente el fiscal del caso habla con los dos presos por separado y les ofrece el mismo trato:

Si confiesa el delito y se convierte en testigo del fiscal, quedará libre, pero a su compañero le caerán 10 años de cárcel. Si no hace la confesión, pero la hace el compañero, quien quedará en libertad será el otro y a él le caerán 10 años. Si confiesan ambos la condena será de cinco años para cada uno. Por último, si no confiesan ninguno de los dos, se les acusará de un delito menor y tendrán una condena de un año. 

Este caso se inventó en  en 1950 y su fama a transcendido al propósito para el que fue creado. Sus antecedentes se encuentran en la literatura, pues una primera versión del mismo aparece en una obra de Edgar Alan Poe de 1842, así como en la ópera Tosca de Puccini en 1900.

Este dilema se puede utilizar como paradigma del conflicto dentro de los equipos al encerrar elementos básicos de su composición. Sigue leyendo

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