La hora del café

La indiscrección me molesta.

No se si con la edad me hago más quisquilloso con esto de la discrección pero es que se ha perdido un poco la mesura de los comentarios que se pueden hacer o no hacer en público.

Hace unos días estaba placidamente sentado en una sala de espera de una cadena de supermercados, cuando llegan dos personas, dan los buenos días y se sientan. Al minuto a los dos los habían llamado al móvil, gracias a esto me entere que eran competencia directa de mi empresa, que en la zona de Levante le había fallado el operador logístico esa semana y tenían los pedidos sin servir, que el de mayor edad era el jefe nacional de alimentación y el más joven el responsable regional.

Al margen de lo molesto de su actitud de incontinencia verbal, su indiscreción era tan insultante que apetecía levantarse y decirles que no estaban sólos en la sala y que me estaba enterando de cosas de las que no me tenía que enterar.

Pero es que resulta que  al día siguiente en el AVE tengo el infortunio de estar sentado delante de uno de los personajes del día anterior que comentaba con otra persona por teléfono, lo mal que les había ido su visita del día anterior con X (comprador de la cadena que había visitado) y que les podían dar dos o tres referencias de baja, además de cuestionar la labor del regional.

En la cola de embarque de Barajas, dos más de un laboratorio poniendo a caer de un burro a su supervisor  porque les había pasado una convocatoria de reunión para el viernes por la tarde con un sólo punto en la agenda titulado “Temas Varios”.  No dudo de lo malo que tiene que ser su supervisor para hacer  esta reunión y sin dar la posibilidad a sus colaboradores  de que se enteren de que va la “fiesta” del viernes, pero el comentarío no es de cola de embarque.

Pero lo que más de moda está, es ir comentando temas relacionados con nuestro trabajo por el pasillo del avión y si nada más desabrochar el cinturón  no enciendes el móvil para leer los mensajes eres un  “tío raro”, porque los ejecutivos importantes siempre encienden el móvil nada más pararse el avión y en el mismo finger ya están hablando. Creo que el 95% de las llamadas no son tan urgentes como para obligar a hacer este paripe de “ejecutivo importante”.

El otro día me contaban de un responsable de equipo de gestores que tenía por costumbre colgar el teléfono  cuando lo llamaban para dar la sensación de que estaba siempre súperliado, seguro que después es de los que nos dan el rollo en el avión cuando habla con alguién y por encima se entera parte del pasaje de lo mal que le van las ventas y que se va de vacaciones a Tarragona.

Sólamente añadir que desde mi punto de vista para ser discreto solo se necesita:

  • Un puntito más de madurez para no dejarnos dominar por el ego y querer demostrar todo lo que sabemos, mandamos, ordenamos, analizamos, sufrimos, etc.
  • Una vuelta más de sentido común para darnos cuenta de que hablamos y en dónde.
  • Algo más de mesura  dependiendo con que personas hablemos.
  • No hay nada que, después de esperar hora y media de avión, no pueda esperar 20 minutos más a que nos acomodemos en una silla alejada, una silla  de las muchas que pueblan estaciones y aeropuertos.

Lo dicho, un poquito de discreción por que lo contrario dice muy poco de la profesionalidad de las personas y por encima, es imposible saber quien nos esta escuchando.

4 comentarios sobre “La indiscrección me molesta.

  1. Nacho,
    efectivamente, a algunos la discrección les ha quedado lejos para convertirse directamente en exhibicionistas.

    Un saludo y gracias por participar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s